Cada año, millones de animales no humanos son sometidos a un inimaginable sufrimiento, un angustioso confinamiento y muerte en laboratorios a lo largo de todo el mundo. No se trata en absoluto de una práctica poco común: por el contrario, muchas empresas, hospitales, universidades y otras instituciones poseen instalaciones propias en las que estos experimentos son llevados a cabo.
Para tratar de justificar estos experimentos se afirma que los humanos y los demás animales son lo suficientemente parecidos como para hacer que estos experimentos sean útiles, pero lo suficientemente distintos como para que resulte aceptable usar en ellos a los animales no humanos y no a los humanos. Pero, ¿puede acaso justificarse el uso de seres con plena capacidad para experimentar placer y sufrimiento, como medios, recursos, para los fines de otros?

Diferentes torturas para animales de laboratorio

Los animales son forzados a tragar substancias tóxicas, se les desarrolla tumores deliberadamente, se les quema piel y ojos con productos químicos irritantes, se les implanta electrodos en el cerebro, se les aplica descargas eléctricas…

Son usados como herramientas de laboratorio en la investigación bioquímica, en investigaciones militares, en pruebas de medicina o cosmética, en educación y experimentos de psicología. Se los cría o captura para este propósito y son desechados cuando el experimento concluye -a no ser que se «reciclen» para otro-. Hoy día es ampliamente aceptado que los animales pueden sufrir, por lo que no resulta razonable negar el hecho de que tales experimentos les perjudican.

Animales en los laboratorios
Como otras prácticas que implican el uso de animales no humanos, su empleo en laboratorios refleja la idea de que son cosas, recursos, que pueden utilizarse para fines humanos por la simple razón de no pertenecer a nuestra especie. A veces se dice que mientras algunos de los experimentos que se llevan a cabo en los laboratorios (como los llevados a cabo para probar cosméticos o pruebas de armas) son injustificables y deberían prohibirse, otros deberían defenderse, pues se llevan a cabo en nombre de la ciencia y la salud humana. Veamos por qué este argumento no es válido.

¿Seres que sienten o herramientas de laboratorio?

Durante el régimen nazi miles de humanos murieron en terribles experimentos, que se realizaban en pro del avance de la medicina y la ciencia. Sin embargo, los beneficios que se obtuvieron no justifican el tormento y muerte ocasionados a estos seres humanos, que poseían total capacidad para sufrir y disfrutar y que fueron sometidos a terribles vejaciones durante dichos experimentos.

A menudo se defiende la utilización de animales con este mismo propósito afirmando que «ellos» son «animales» y que «nosotros» somos «humanos», sin más argumentación e ignorando el hecho de que también nosotros somos animales. Cabe recordar que el mismo argumento fue utilizado por los médicos nazis para justificar sus experimentos. La razón esgrimida para utilizar a los seres humanos que murieron en éstos fue que no pertenecían a un grupo racial determinado, en este caso, la llamada “raza aria”. Este hecho nos puede servir para comprobar que la pertenencia a cualquier grupo, sea éste étnico, de género o especie, es un factor que no cabe emplear para discriminar a los demás. Lo único que puede determinar si debemos tener consideración y respeto hacia un animal, humano o no, es el hecho de que pueda experimentar sufrimiento y disfrute, o, dicho de otro modo, si nuestras acciones pueden causarle algún perjuicio. Cualquier otra característica, como el poseer cierto grado de inteligencia, la capacidad para hablar u otras semejantes carecen por completo de relevancia a estos efectos.

De hecho, muchas de las personas utilizadas en los experimentos nazis eran seleccionadas porque parecían tener unas facultades intelectuales que no eran como las de los demás, es decir, por ser «discapacitados mentales». Asimismo, si aceptásemos que la posesión de tales capacidades fuese motivo suficiente para discriminar a otros, también los bebés se incluirían en el grupo de individuos que sufrirían tal trato. Y puesto que este criterio no es aceptado hoy día (como parece adecuado), no existe base algún sobre la cual justificar, con los mismos argumentos, la experimentación con animales.

Ninguno de nosotros, ninguna criatura que pueda sentir, puede ser considerado como herramienta y ser torturado y matado. La experimentación con animales es tan injusta e indefendible como la experimentación sobre humanos sin su consentimiento.

Por un desarrollo científico con ética.

Los defensores de la experimentación con animales afirman a veces que los que se oponen a la utilización de animales como herramientas de laboratorio están en contra del avance de la ciencia. Esto resulta tan absurdo como afirmar que aquéllos que se oponían a los experimentos nazis con humanos estaban en contra del desarrollo científico.

La cuestión no es si nos oponemos a la investigación, sino si es aceptable discriminar arbitrariamente a otros y causarles perjuicios para nuestro beneficio por el mero hecho de no pertenecer a nuestra raza o especie; o porque, a pesar de tener como nosotros la capacidad de sufrir, son supuestamente menos “inteligentes” (definiendo la inteligencia de forma que se adecue a un patrón típico humano).

laboratorio de animales

Como ya hemos señalado, no hay justificación para otorgarle menos importancia a los intereses de alguien que puede sentir tanto como nosotros.
Es por esta razón que la utilización de animales no humanos como objetos de laboratorio resulta inaceptable, al igual que lo fue el de seres humanos durante la Segunda Guerra Mundial. De este modo, debe ser sustituido de manera inmediata por métodos de investigación que no utilicen animales.

Algunos ejemplos de éstos son los siguientes:

Cultivos celulares y de tejidos, que permiten comprobar las reacciones humanas ante determinadas substancias.
Modelos QSAR y otros métodos informáticos basados en programas que permiten representaciones dinámicas de fenómenos biológicos.

Técnicas físico-químicas, consistentes en sistemas no biológicos válidos para el análisis de datos, como la cromatografía de gases o la espectrometría de masas.
Investigación clínica (la observación y seguimiento de la evolución de las distintas afecciones a nivel concreto del paciente).

Epidemiológica (el estudio estadístico del modo de comportamiento de las distintas dolencias).
Finalmente, en el ámbito de la educación, existen distintos métodos disponibles para sustituir el uso de animales en prácticas de disección y otros procedimientos (modelos informáticos, maniquíes y patrones inanimados, métodos audiovisuales…)

De este modo, los recursos que se emplean actualmente para utilizar a los animales como objetos de experimentación deben ser empleados en desarrollar y utilizar métodos que no impliquen el sufrimiento y muerte de seres con la capacidad de sufrir y disfrutar.