Hoy contamos con un experto veterinario, que nos cuenta un poco el mal uso que en algunos casos hace el ser humano de los animales, en sitios para divertirnos o en lugares que no deben de estar, son bastantes las formas que el ser humano tiene de abusar de los animales. Siga leyendo este artículo sobre explotación animal

Zoos y circos formas de explotación animal

animalEn los zoos y los circos con animales, éstos son, como en tantos otros ámbitos, utilizados como si se tratase de objetos para uso humano. Se ven atrapados en jaulas y lejos de los entornos en los que podrían vivir de modo adecuado. Por ello manifiestan graves síntomas de estrés, aburrimiento y desequilibrio psicológico. Un ejemplo muy claro de esto lo constituyen los llamados “comportamientos estereotipados” (la repetición constante de un determinado movimiento, como agitar la cabeza o dar vueltas en círculo), que los animales en reclusión manifiestan a menudo. Algunos animales que tienen una intensa vida social son condenados de por vida a la soledad más absoluta.

Muchos padecen un clima hostil para ellos, que en nada se parece al del lugar del que provienen. El verano resulta especialmente duro, por el calor, para animales como los osos polares o los pingüinos, mientras otros como los leones sufren considerablemente en invierno. Animales acuáticos (peces, tortugas, mamíferos marinos…) son confinados en reducidos acuarios o se angustian de modo extremo en minúsculas piscinas donde sólo pueden dar vueltas y vueltas. A menudo el cloro irrita y daña seriamente su piel y ojos, llegando a cegarles parcialmente.

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Algunos zoos intentan justificar su existencia afirmando que contribuyen a la pervivencia de determinadas especies. Al margen de que esto sea un engaño, pues para surtir a los zoos innumerables animales son capturados en sus lugares de origen (proceso en el que muchos mueren), el hecho es que tal argumento no resulta aceptable. Es otra forma de explotación animal

La pervivencia de una especie nunca justifica el atormentar a sus miembros, ya que son éstos, los individuos, quienes tienen la capacidad de sufrir y disfrutar, no las especies.¿Acaso cualquiera de nosotros toleraría que se nos encerrase de por vida con el fin de favorecer la conservación del grupo del que formamos parte?

Por ejemplo, no nos parecería justo que nos encerrasen por ser uno de los pocos seres humanos existentes con un cierto color de pelo. Si nos ponemos en el lugar de los animales encerrados en los zoos, nos daremos cuenta de que lo que quieren no es otra cosa que poder seguir con sus vidas en libertad, sin nuestra intromisión.

La situación que se da en los zoos se repite en los circos con animales, en los que éstos pasan la mayor parte de sus vidas en jaulas minúsculas en las que son transportados, de las que sólo suelen salir para su adiestramiento y actuación. Tan extremo confinamiento tiene muy graves consecuencias tanto físicas como psíquicas para los animales.

Los «trucos» que se les obliga a hacer (osos balanceándose sobre balones, simios conduciendo motocicletas, elefantes manteniéndose sobre dos patas…) son físicamente incómodos, dolorosos y estresantes para ellos. Sólo debido al miedo, tras los duros y continuados castigos que padecen, acaban por actuar de tal modo.

El comercio legal de animales como objetos para hacer compañía

La compra y venta de animales reproduce de un modo muy claro la visión de éstos como objetos, como una propiedad que puede ser vendida y comprada como un adorno o una herramienta. En las tiendas de animales, éstos son mantenidos en jaulas, peceras y cajas de vidrio reducidas al extremo, para que el mayor número posible de ellos pueda ser exhibido para su venta. Así pasan muchos animales una parte de su infancia, en la que su instinto por jugar e investigar se ve totalmente frustrado, lo cual les afecta de por vida.Al margen de esto, la cría de animales para su venta agrede también de modo sistemático a éstos. Así, en el caso de muchos animales, las hembras son tratadas como meras productoras de mercancía, reiteradamente preñadas con tal fin. Los cachorros son apartados de su madre cuando son todavía muy jóvenes, lo cual en muchos casos implica un gran trauma para ambos.

Seguramente las víctimas más visibles de este comercio son los perros y los gatos. Sus condiciones de vida son en muchos casos frustrantes (encadenados o recluidos de por vida en casas o pisos) y es común que sean, simplemente, desechados cuando dejan de cumplir la función para la que fueron adquiridos.

 

Muchos de aquéllos que son tomados como “animales de compañía” mueren por millones anualmente en los recintos de recogida de animales abandonados, cuyas instalaciones, en la inmensa mayoría de los casos, acostumbran a estar colmadas hasta los topes de perros y gatos rechazados. La causa directa de ello es su cría y venta. Pero no hace falta reflexionar con detenimiento para darse cuenta de que lo que se encuentra detrás de todo esto es la visión de los animales como objetos que podemos utilizar, en lugar de seres cuya libertad debemos respetar.

A este respecto cabe apuntar que la adopción de animales de perreras o refugios es algo muy diferente a su compra. Esta última se produce por nuestro propio interés en tener un animal, y es precisamente lo que motiva que ocurra lo descrito. Inversamente, la adopción de animales abandonados sin lugar a dudas les salva de la muerte o un encierro perpetuo, aunque no vayan a vivir en una situación idílica. En cualquier caso, las adopciones de este tipo representan un paliativo en situaciones muy concretas, pero no la solución para el problema.

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Los animales no son juguetes

caninaOtros animales, como los hámsteres, aves, tortugas y peces, vendidos también habitualmente en este tipo de tiendas, se ven confinados en espacios mucho más reducidos que perros y gatos. Los pájaros se ven incapacitados para volar; los roedores, como los conejillos de indias, carecen de tierra o hierba sobre la que corretear o estar al sol; los peces son recluidos en peceras donde sólo pueden nadar en círculo; etc. Las condiciones de vida y la alimentación que se ven forzados a llevar les llevan a menudo a una muerte muy temprana.

Finalmente, muchos animales son llevados de un lugar a otro del planeta para ser finalmente vendidos, capturados a menudo cuando todavía son crías, tras matar a sus familias. Para que un animal llegue a una tienda (o a un circo, o a un zoo, o a un laboratorio…) desde otro país lejano, hasta otros diez animales mueren por el camino. Muchos fallecen por hambre, sed, enfermos o asfixiados en la bodega de un barco o un avión.  Otros perecen por el inaguantable estrés que su captura les ocasiona. A estos animales no es posible explicarles que han sido hechos presos, de manera que lo más probable es que entiendan que se encuentran ante una muerte inminente.

Pocos pueden soportar esta situación. Hay quien afirma que los animales no humanos sufren menos por carecer de ciertas capacidades cognitivas, pero aquí vemos un ejemplo que demuestra lo contrario, pues al no entender su situación cuando está preso, el sufrimiento del animal se ve agravado

Hoy en día sólo existe protección en este ámbito para los animales de ciertas especies protegidas, por hallarse en peligro de extinción. Pero la pertenencia a un grupo menos numeroso no es razón para ser menos tenido en cuenta. Para un hámster, una carpa o un canario su vida tiene tanto valor como para cualquier animal de un grupo “protegido”.

Un animal no es una mercancía. Su compra y venta entraña una enorme cantidad de muerte y de dolor.

Imagina ser un elefante y morir agonizando, tras ser abatido por los cazadores, mientras observas cómo capturan a tu hijo o ser un ave o un pez acostumbrado a nadar o volar largas distancias que, de repente, es encerrado en un espacio reducido, al que sólo le queda ver el tiempo transcurrir hasta el día de su muerte. Tristemente, ésa es la realidad de un enorme número de animales que acaban en los zoos, circos, o tiendas.

Qué puedes hacer para cambiar la explotación animal

Tener en cuenta los intereses de los animales implica respetar sus vidas y no participar de aquellas prácticas que implican su explotación, como ocurre en el caso de su reclusión en zoos o su compra-venta al modo de objetos para que nos acompañen.