En la naturaleza en general hay varios peligros de los que es bueno tener conocimiento para ahorrar a nuestra mascota tener que sufrir las consecuencias. Hoy os hablamos de las espigas.

Las espigas son la forma que tienen muchas plantas de reproducirse y debido a su morfología una vez clavadas solo pueden avanzar hacia delante. Ese efecto “anzuelo” o “flecha” hace que el perro no pueda expulsar por sí solo este cuerpo extraño y que necesite de nuestra inspección y ayuda para librarse de él.

El momento en el que hay mayor riesgo de que se claven alguna de estas molestas espigas es cuando el clima se presenta caluroso y seco, o sea, en verano. Por eso es típico que aparezcan en el veterinario en estas fechas numerosos casos de perros de caza. Ya que tienen trabajo en la temporada de media veda que comienza a partir de Agosto. Pero no solo los perros de caza salen al campo, ya que cada vez somos más los que tenemos perros domésticos y salimos al campo, pantanos o montañas para hacer un poco de ejercicio con nuestro perro y disfrutar de la naturaleza.

Tal vez un lugar especialmente peligroso en el que se alojan las espigas es en la boca del perro. Lo que en un principio nos puede parecer un flemón, es posible que se trate de una espiga alojada en la cavidad bucal. Es fácil de confundir pero para los ojos expertos de un veterinario no pasa desapercibido. En el caso de la boca es difícil de detectar para los no doctos, ya que queda solo la punta de la espiga tras los intentos del perro, de eliminar la molestia, que acaban con el resto del cuerpo de la misma. También es probable que se alojen en los pliegues de los dedos o en los oídos. En este último lugar es peligroso no percatarse a tiempo debido a la compleja arquitectura del pabellón auditivo. Además se dan numerosos casos de espigas en la nariz, hocico y ojos (prestar atención si el perro tiene de buenas a primeras un ojo cerrado o medio cerrado).

Las espigas un problema difícil de advertir para nuestras mascotas

Una buena forma de prevenir infecciones, úlceras y otras complicaciones derivadas de este problema, es cepillar frecuentemente a nuestro amigo y bañarlo. Al tocar con nuestras manos todo su pelaje es más fácil advertir este problema. Cuando se han introducido en algunos de los citados orificios los perros presentan conductas que van desde: mover la cabeza bruscamente, lamerse las patas insistentemente, estornudar sin razón aparente y frotarse el hocico con alta frecuencia.

Por todo aconsejamos evitar zonas con gran cantidad de plantas secas y cepillar al perro después de cada salida a la naturaleza. En el caso de que advirtamos síntomas como los que hemos mencionado, no dudar en acudir al veterinario pues no son cuestion de juegos los problemas que traen las espigas con ellas pueden poner en peligro la salud de nuestro hermoso compañero.